Gamma hace estragos en la Península

El Centro, con la nueva movilidad y los charcos, un caos

Mérida, Yuc., 3 de octubre.- La lejanía de los paraderos es uno de los problemas que se han detectado desde el día 13 de septiembre cuando el Ayuntamiento, en coordinación con el Gobierno y con el pretexto de evitar aglomeraciones, para frenar los contagios por coronavirus, pusieron en marcha la nueva movilidad.

Las quejas han sido constantes y estas se incrementaron con la pasada tormenta tropical que materialmente inundó las calles del primer cuadro: los conos naranja nadaron y se alejaron de los sitios que debían delimitar y los policías y “Amigos del Transporte”, desaparecieron, según comentarios generalizados.

Hoy, este fin de semana, nuevamente una tormenta, Gamma, está haciendo de las suyas y con torrenciales aguaceros ha frenado la actividad pero no la afluencia de transeúntes, aunque sí, estos en número menor.

Personal de www.henequenales.com salimos al centro de la ciudad para hacer algunas diligencias y nos encontramos con calles inundadas (claro, desde hace ya más de 24 horas está lloviendo “a mares”) y observamos un panorama similar al de la tormenta anterior.

Las áreas de pavimento “robadas” o “prestadas” a los vehículos, según pudimos observar, nadie las utiliza, pues la gente prefiere caminar sobre las escarpas, para evitar, en lo posible, mojarse los zapatos. Espacio perdido.

En algunas calles, las unidades de algunas empresas distribuidoras de diversos productos, ocupan este espacio mientras descargan sus productos, con el consecuente perjuicio a los peatones que, afortunadamente como, como dijimos líneas arriba, prefieren caminar sobre las escarpas, para evitar el agua que corre sobre el pavimento. Pero esta actitud de los distribuidores de mercancía no es privativo de los días de lluvia, pues en fechas previas, sin lluvia, también vimos que ocupan esos espacios “solo para peatones”, de acuerdo con la nueva movilidad. Otro espacio perdido,

Y los automóviles, autobuses y motociclistas, en fila india, lentamente, por los chaparrones que caen en forma intermitente, y cuando tienen oportunidad de avanzar a la velocidad permitida, 30 kilómetros, pues levantan cortinas u olas de agua que bañan a los transeúntes a los que no les queda más remedio de volver mojados a sus casas o llegar así a sus centros de trabajo.

Pero a qué viene toda esta parrafada, si como siempre, es una voz que predica en el desierto o es como hablar con la pared.

Las autoridades, que deben ser competentes en su encomienda, no salen en estos momentos a caminar, como cualquier hijo de vecino, y comprobar o verificar, los errores de esos planes hechos desde el escritorio.

Es cierto, las lluvias son cada año, pero no podemos asegurar que las autoridades municipales, que durante los últimos veinte años han emanado del mismo partido y se han preocupado por destacar logros, repito, no podemos asegurar, que se hayan preocupado por que las alcantarillas reciban el mantenimiento adecuado, de limpieza y desazolve, en las semanas o meses de sequía que, por cierto, son largas.

Tampoco, al parecer, se han preocupado por hacer o construir pozos pluviales o de desagüe, en los cruceros más conflictivos, que son bien conocidos, ya que cada año pasa lo mismo. Y por citar solo algunos, el de la 56, en la esquina del San Benito; el de la esquina del Venadito, y otros más.

En las calles que circundan la Plaza Grande, afortunadamente no hay charcos, además de que no hay gente que pase por esas calles.

Urge que las autoridades hagan algo, es una frase que escuchamos cada año en la época de lluvias; en esta ocasión, con la pandemia, con la nueva movilidad y con la cercanía de las elecciones en junio de 2021, ojalá que de verdad, hagan algo.

En las colonias sobre todo del sur, del poniente, también hay encharcamientos y tampoco se hace limpieza a las pocas alcantarillas que existen en algunas zonas ni se hacen pozos pluviales.

Hemos escuchado muchas voces en el sentido de que las autoridades deben hacer algo, sí; pero no están pendientes de las necesidades de sus conciudadanos, de quienes con su voto los llevaron a la posición que ahora ocupan y que son las mismas quejas que escucharon en sus encomiendas anteriores.

Ahora hemos visto que los programas que se hacen desde un escritorio no sirven; los planes que se realizan sin consultar a los verdaderos usuarios, fallan o tienen errores.

En el Congreso todos los legisladores, o muchos de ellos, están pugnando porque haya un Parlamento Abierto, es decir en el que las voces de los ciudadanos se puedan escuchar y cuando aprueben alguna nueva ley, cuando menos algunas personas hayan hablado u externado sus opiniones y, aclaramos, no estamos hablando de consultas populares.

Si cada uno de los que ocupan un cargo de elección popular, especialmente quienes tienen responsabilidad en el ámbito municipal o estatal, o los que son nombrados, que no elegidos por el voto popular, para ocupar una Secretaría, una Dirección o algún otro puesto, hicieran su tarea, “su chamba” como dirían algunos, seguro que nuestra entidad y nuestra ciudad capital, cambiará.

Pero por de pronto, quienes tengan que salir al centro de la ciudad, en sus vehículos particulares, ármense de valor.

A los ciudadanos de a pie, qué les podemos decir, ya que sabemos que hay que bogar agua, soportar la lluvia, las olas que provocan los que andan en sus coches.

Y ojalá algún día, las cosas cambien, para bien de todos.


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